viernes, 28 de noviembre de 2014
Procuro indignarme con dolor de cabeza
Me duelen los ojos de intentar buscar gente en esta foto, pero me es imposible. De vez en cuando veo alguna cabeza canosa; pero sinceramente, no sé si está probando los nuevos sillones que han comprado, si están limpiando el Senado, o si están riéndose de todos nosotros.
La primera opción la descartaría por que pienso que nunca podrían comprar nada nuevo en un lugar dónde todo está corroído y dónde lo único que compran es la palabra y la libertad del pueblo.
La segunda opción sería la idónea; siempre y cuando lo que se limpiase fuesen todas esas personas que hacen de la tercera opción una rutina, una manera de vivir.
Aún me siguen doliendo los ojos viendo y sabiendo que todo aquello que representa al pueblo se sienta y debate acerca de nuestros problemas y oportunidades, ya sean pasados o futuros. Aún me duelen los ojos de imaginarme a todas esas personas que han sufrido en su piel la devastación de su vida en cuatro paredes, por culpa de irresponsables. Por esos irresponsables que la buena vida los cegó con tener hipotecas trampas y lujos cenizas. Ahora otros pagan por eso. Otros pagan por esas trampas y cenizas que no fueron suyas, y por esos que representan nuestros problemas y debaten nuestro futuro.
jueves, 27 de noviembre de 2014
Aunque la mona se vista de seda
![]() |
| Cuando el engaño cree a la verdad |
Cuando la verdad duele y sigue escondida en algún cajón, nadie sabe dónde se puede encontrar. Muchas veces nos dedicamos a mirar en los cajones que no nos dicen nada; otras, sin embargo, agachamos la cabeza y nos sentamos a esperar a que aparezca cómo si nada hubiese pasado o nada haya cambiado en ese tiempo que estuvo escondido.
Si nos centramos en la foto, podemos apreciar como ellos, los feligreses que se amontonan expectantes observando tal escena en la catedral granadina, intentan buscar alguna respuesta que sigue escondida en un viejo cajón que poco a poco alguien o algo va abriendo, aunque al parecer, muchas veces se encalla. A pesar que a veces los pasos van despacio, nunca pierden la repudiada escena.
Después nos centramos en el otro extremo; aquellos que se sientan (en este caso son más extremos y se tumban) a esperar a que algo ocurra con ese cajón. A veces se espera que siga atorado durante muchos años más porque así, saben que nunca les salpicará esa verdad escondida.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

